Descubriendo otro modo de criar, de sentir, de vivir... el que me enseña mi pequeño cada día
Oct 9, 2011

Posted by in A flor de piel..., Cesárea, Criar desde "el otro lado", El primer año, Lactancia, Maternidad, Mis favoritos | 19 Comments

El mejor de los regalos (Mi lactancia después de una cesárea)

El mejor de los regalos (Mi lactancia después de una cesárea)

Hace ya tiempo que me apetecía contar mi experiencia con la lactancia en el blog. Es cierto que en varias ocasiones he hablado en general sobre la lactancia y que en agosto, cuando se celebró la Semana Mundial de la Lactancia Materna en muchos otros países del mundo, compartí con vosotr@s las emociones que generaba en mí el amamantar a mi Pequico, en el post Piel con piel. Pero me faltaba plasmar aquí cómo ha sido (y está siendo) nuestra historia de lactancia. Así que he pensado que, ya que del 1 al 8 de octubre se ha celebrado esta semana a nivel europeo, qué mejor ocasión para contaros cómo fueron nuestros inicios con ella.

Como ya conté aquí, mi parto fue inducido y finalmente acabó en cesárea. Y si bien cuando, tras la larga espera en reanimación, pude por fin reencontrarme con mi pequeño, me sentí la mujer más dichosa del mundo; conforme fueron pasando las horas, la sombra de la duda comenzó a planear amenazante sobre mí, empezaron a acudir a mi mente muchos porqués que no tenían respuesta y fui comprobando como la cicatriz que adornaba mi vientre había ahondado más allá de mi piel. Sin embargo, el poder dar de mamar a mi hijo fue para mí una experiencia sanadora, que me ayudó a encontrarme como madre, dentro de aquella mujer herida, agotada, dolorida e insegura que salió del quirófano. Por eso he titulado este relato como El mejor de los regalos, no ya porque considere que la lactancia materna es el alimento más idóneo para un bebé o porque quiera destacar sus, de sobra conocidos, beneficios para él; sino porque para mí, el amamantar a mi pequeño, fue un auténtico regalo, el que me sanó de mis heridas, el que me devolvió todo aquello que sentía que me habían arrebatado en mi parto.

Desde que me quedé embarazada y antes de conocer las virtudes de la lactancia materna, tenía claro que quería amamantar a mi bebé. Siempre que había visto a una madre amamantando a su hijo, me había parecido una estampa idílica y maravillosa, un acto de amor. Por aquel entonces no conocía el término “lactancia materna prolongada” ni  me planteaba cuánto tiempo daría de mamar, pero esperaba con todas mis fuerzas poder hacerlo, con las mismas que también hubiera deseado poder dar a luz a mi pequeño. De hecho cuándo alguien me preguntaba si pensaba dar el pecho o biberón, me sorprendía la pregunta; “el pecho”-respondía, qué si no; aunque empezó a hacer mella la inseguridad, o tal vez la supersticiosa que llevo dentro, y pronto añadí la coletilla “si puedo, claro“. Y también recuerdo, a pesar de que me decían que no servía para nada,  con qué ilusión me aplicaba una conocida crema en los pezones, durante todo el embarazo, con la esperanza de evitar la aparición de las tan temidas grietas…

Sin embargo, como ocurre después de tantas cesáreas, el inicio no fue del todo sencillo y se fueron cruzando diversas circunstancias que perfectamente podían haber hecho fracasar nuestra lactancia. Espero de corazón, que mi experiencia pueda ayudar a otras madres que pasen por una situación parecida. La primera dificultad con la que nos encontramos fueros esas terribles y eternas horas que transcurrieron hasta que pude tener a Pequico entre mis brazos para ofrecerle mi pecho, y que yo sabía que eran fundamentales para establecer con éxito la lactancia. Recuerdo también lo complicado que resultó encontrar una posición en la que poder amamantarlo. Sólo alguien que haya pasado por ello sabe lo difícil y doloroso que es encontrar “la postura” en esa camilla incómoda, con el dolor de los puntos que apenas te dejan moverte. A pesar de que no tuvimos ninguna ayuda por parte del personal sanitario, entre mi marido y mi madre, consiguieron colocar de forma satisfactoria a Pequico en mi regazo y él hizo el resto. Fue increíble ver cómo aquel cuerpo tan diminuto y que apenas se movía, se agarró con tanta rapidez e intensidad a mi pecho y empezó a mamar con avidez, como si llevara haciéndolo toda la vida.

Yo sentía una mezcla de placer y de dolor. Me hacía muy feliz volver a sentirnos uno solo, pero es cierto que cuando mamaba, los entuertos eran más fuertes y los puntos de la cesárea me dolían a rabiar, había veces que veía las estrellas. Por suerte, Pequico nos salió avispado y debió engancharse de forma óptima, porque  no tuve que vérmelas con ninguna grieta, aunque sí que había ratos, cuando las tomas eran muy seguidas, en los que me notaba  la zona más sensible y un poco irritada.

Como yo había estado hipoglucémica durante gran parte del parto también le controlaban a él la glucemia, y al salirle un poco baja, nos instaron a darle un dedín de biberón para que le subiera. Después, mi pequeño volvió a engancharse tan ricamente a su teta, pero yo empecé a llenarme de miedos: ¿y si tardaba demasiado en subirme la leche? ¿y si tenía que darle algún biberón más? ¿y si eso era el fin de nuestra lactancia? Los días siguientes mi preocupación fue a más, todo el mundo parecía extrañarse de que aún no me hubiera subido la leche (cuando lo normal después de una cesárea es que tarde un poco más, en lugar de dos a tres días, de cuatro a cinco) y Pequico parecía perder peso a una velocidad mayor de la normal. Yo soltaba charlas sobre que todo era normal, que el calostro era muy concentrado y nutritivo, que el biberón podía dar al traste con todo, pero en mi fuero interno cada vez me asaltaban más temores. Sólo de pensar en que no pudiese dar de mamar a mi hijo, se me venía el mundo abajo. Si finalmente hubiera sido así, supongo que me habría adaptado y lo habría superado, pero en aquellos momentos, sensible, con una anemia galopante, las hormonas revolucionadas, las mil y una dudas que me acechaban, sentía como se acrecentaba mi sentimiento de culpa y la seguridad en mí misma comenzaba a fallarme. Por eso, cuando el pediatra me dijo que Pequico había perdido más del 10% de peso, que se consideraba normal, y que tenía que suplementar cada dos tomas con dos dedos de un biberón, he de confesar que lo viví como una tragedia. De hecho,  tuvo que dárselo su papá, porque yo probé pero me sentí incapaz; tenía que hacer grandes esfuerzos para no llorar cuando lo veía devorar el bibe y escuchaba, “pobrecillo, estaba muertecico de hambre, mira como se lo toma“. Aquellas palabras, que eran dichas sin ninguna mala intención, se me clavaban como puñales afilados en el corazón y me hacían perder la confianza.

Sin embargo, algo quedaba dentro de mí, de la Mousikh de antes del parto. Aquella noche cogí el sacaleches y, el rato que mi pequeño no estaba enganchado a mis pechos, era yo la que no paraba de intentar extraerme leche, con la débil convicción de que antes o después vería manar el preciado líquido; y el comprobar que, efectivamente, comenzaban a salir las primeras gotas, me hizo recuperar la fe y la confianza en mi cuerpo. Al día siguiente, recibimos la buena noticia de que Pequico había aumentado por fin de peso y esa misma tarde yo noté como algo estaba cambiando en mi cuerpo, y por fin, al anochecer tuve la esperada bajada de la leche. El pediatra, aunque en las indicaciones escritas me recomendaban seguir con la lactancia mixta, me dijo que podía continuar sólo con el pecho, y recuerdo la satisfacción que sentí cuando pasaron por la habitación preguntando si necesitábamos algún biberón y yo exclamé un rotundo “no”. También me sorprendió tristemente el comprobar cómo los biberones de ayuda, eran reclamados en tantas otras habitaciones. Como anécdota contaré que el pediatra siempre afirmaba que yo era su paciente favorita, por las ganas que mostraba de poder amamantar a mi hijo (“amamantar es un arte“, me decía); aunque yo solía bromear con mi hermana conque la auténtica  razón era, que siempre que me visitaba, me encontraba con la teta fuera.

Lo importante es que la naturaleza se impuso y siguió su curso, permitiéndome el inmenso regalo de poder alimentar a mi hijo con mi cuerpo. Una vez en casa, todo no fue color de rosa pero gracias al apoyo incondicional de mi marido, y a la inestimable ayuda de mi familia, que permitió dedicarme por entero a mi pequeño, pudimos superar las pequeñas dificultades que fueron surgiendo y disfrutar de una lactancia que dura hasta ahora (aunque eso forma parte de otra historia…) Por eso siempre digo, que el éxito de nuestra lactancia es que en casa somos y  un equipo formidable.

Sé que muchas veces estos post en defensa de la lactancia, no están exentos de polémica y que son sentidos por algunas mamis que dan biberón, como un cierto menosprecio hacia su papel de madres. Por eso no quiero acabar esta entrada sin aclarar que en mi ánimo no está nunca el menosvalorar o herir la sensibilidad de nadie; si hablo con tanta pasión y vehemencia de la lactancia materna es porque así lo siento y lo vivo cada día. Comprendo perfectamente las dificultades que surgen en los inicios y me siento una gran afortunada de que en nuestro caso, pudiéramos superarlas, también respeto que haya personas que piensen de manera diferente a mí. Pero no puedo desaprovechar esta oportunidad de animaros a todas las futuras mamás que me estéis leyendo a que amamantéis a vuestros hijos: las que por una u otra razón piensen que la mejor opción para ellas es el biberón, por favor que se lo replanteen, que lo intenten, da igual por el tiempo que sea, que no se pierdan esta experiencia porque es única; aquellas que ya lo intentaron y no pudieron, que no cierren la puerta, cada embarazo, cada parto, cada hijo es diferente, nosotras somos diferentes, merece la pena volver a intentarlo, sin condicionarnos, sin presión, sin miedo; y a las que aún no sois madres, no dudéis en asesoraros, buscar ayuda si es necesario y sobre todo no olvidéis que nuestros cuerpos están preparados, “diseñados” para amamantar, confiad en ellos… Quizá algún día sintáis como yo, que al hacerlo, habéis recibido el mejor de los regalos…


Si te ha gustado compártelo
Otras miradas...    
  • http://profiles.google.com/omeucartafol Cartafol .

    pues la verdad es que es uno de los mejores regalos…y yo tuve la suerte de recibir varios!

    • Anonymous

      Vaya! Por triplicado… Un beso, guapa.

  • MaGiA

    Mousikh,
    Me ha gustado mucho conocer la historia de vuestra lactancia ¡que tenacidad y que valentía! Y que bien acompañada que has estado ;-)
    Abrazos “si quieres puedes”!

    • Anonymous

      Muchas gracias! Otro abrazo para ti

  • Zarina Avila

    Coincido totalmente. Mi historia de lactancia materna es muy positiva también pero a veces me siento como un raro espécimen porque a mi alrededor todas mis amigas fracasan una detrás de otra sin poder hacer nada. Me da mucha pena que no cuenten con el apoyo y suerte que contamos nosotras.

    • Anonymous

      Si de algo me sirvió mi experiencia es para darme cuenta, de lo fácil que es, aunque tú estes muy convencida de que quieres amamantar, de que por las circunstancias y la falta de apoyo, la lactancia fracase.

  • http://www.minervaysumundo.blogspot.com Carol

    Para mí también es el mejor de los regalos que nos hemos hecho mi hija y yo.

    Te entiendo perfectamente, “si puedo”, qué poco confiamos en nosotras y nuestro cuerpo.
    A nosotras, como también nos costó el suplemento se lo dábamos en jeringuilla, tanto en el hospital como la primera semana que hizo falta en casa. Si encima de que no enganchaba le hubiesemos dado biberon creo que la lactancia habría sido un fracaso.

    Gracias por compartir vuestra historia.

    • http://www.unamiradaalotrolado.com Mousikh

      Sí, recuerdo cuando contaste vuestros inicios en el blog que fueron duros. Yo, por suerte, no tuve problemas de grietas y menos mal que lo de los biberones fue sólo un día y casi que ha quedado como una anécdota en nuestra memoria. Pero a veces me pregunto, si yo no hubiera tenido tan claro que quería amamantar a mi hijo, ¿qué habría pasado?
      Un abrazo para Minerva y para ti. A seguir disfrutando de ese regalo mucho tiempo.

  • Anonymous

    Por suerte hay muchas mamis capaces de superar cualquier dificultad y de luchar contra viento y marea para defender aquello en lo que creen.

    • Anonymous

      Gracias por tu comentario. Me ha gustado mucho

  • Cocolina

    Mousikh, qué hermosa historia! Enhorabuena por haber logrado establecer esa lactancia que vives como un regalo. Muchos comienzos no son fáciles y mi impresión es que nos falta información, nos falta haber visto amamantar, conocer casos, conocer mujeres, estar más familiarizadas con esta faceta nuestra para no perder la confianza y saber manejar las dificultades que puedan presentarse. La confianza es la clave también para mí.
    Un fuerte abrazo y gracias por compartir algo tan íntimo!

    • Anonymous

      Gracias! Otro abrazo para ti

  • http://sermadreunaaventura.com Silvia

    Me estoy poniendo al día con tus entradas atrasadas. Me encanta esta entrada y creo que tu testimonio puede ayudar a muchas madres que pasen también por una cesárea.
    Yo pasé por una y la verdad es que mis inicios fueron horribles porque me tardó una semana en subir la leche así que recurrí a la fórmula durante ese tiempo. Suerte que mi peque no rechazón la teta cuando se la ofrecí pero perdimos un tiempo valioso que además nos trajo muchas secuelas a ambos…

    • Anonymous

      La lactancia después de una cesárea es a veces complicada, pero experiencias como la tuya y la mía demuestran que es posible. Ojalá ayude a otras mamis que nos lean.

  • Paris —

    Me he sentido muy identificada con este post, con esta vivencia tuya, la cesárea y la lactancia…
    Lo mio fue cesárea también, y después de casi 8 h de que me la hicieran y sacaran a mi Princesita Fiera, me volví a reunir con ella y ponerla ami pecho, estando totalmente dolorida y saliendo de una reanimación muy angustiosa y chunga, con más de una complicación…
    A pesar de todo lo que viví, no dudé en intentar dar de lactar a mi niña, contra viento y marea lo conseguí, y me sentí muy bien, como tu, así que efectivamente, para mi fue un regalo, que hoy ya no sigue por causas varias, pero sí lo pude hacer durante 5 meses, y fue una experiencia muy enriquecedora, ahira lo sigo echando de menos…repetiría sin dudar.
    Un beso guapa, me ha gustado leer tu experiencia.

    • Anonymous

      Gracias por compartir tu experiencia. Siento que tus inicios fuesen complicados pero me alegra que lo consiguieras y lo disfrutaras.

  • La niña sin nombre

    Qué bonito post. Para mí la lactancia ha sido también un regalo maravilloso, es nuestro momento… Y me da tanta pena reincorporarme al trabajo cuando ella sólo tiene 4 meses… Y tener que dejar la lactancia. Intentaré darle por la mañana y por la noche. Pero, parece que se retira si no das con frecuencia.
    Ahora tengo un problema. Y quería aprovechar, si no te importa, para pedirte consejo… Estoy intentando que coja el bibi (con mi leche, claro) pero no hay manera… Llevamos una semana de sufrimiento… Qué duro! Te agradecería muchísimo si puedes aconsejarme algo.
    Un beso enorme,
    http://laninasinnombre.wordpress.com

    • http://unamiradaalotrolado.com/ Mousikh

      Muchas gracias, me alegro de que te haya gustado.
      En cuanto a las dudas que me planteas yo no tengo experiencia porque cuando volví a trabajar el peque tenía ya 15 meses, pero sé que lo que te está ocurriendo a ti, le pasa a mucha gente. Puedes probar con diferentes tetinas por si alguna te funciona mejor e incluso hay un tipo de biberón de Medela pensado para no interferir con la lactancia materna. En esta misma casa también tienen unos vasitos pequeñitos, tipo paladín, con los que puedes probar. De todos modos si se lo das tú, seguro que no toma porque quiere tu pecho; igual cuando se lo de otra persona y tú no estés, si lo acepte.
      No sé si vives lejos de donde teabajas, sino otra opción y más ahora que viene el buen tiempo, es que tu amiga te la lleve allí para que le des de mamar (ya sabes que tienes derecho a una hora de lactancia).
      Otra posibilidad, si nada de lo anterioi te funciona, es adelantar un poco la introducción de alimentación complementaria, de acuerdo con tu pediatra, y darle una papilla de cereales.
      De todas formas, si sigues teniendo dudas te recomiendo que visites el blog Una maternidad diferente. Su autora es asesora de lactancia y seguro que te puede ayudar. Y si tienes alguna duda con respecto a lo de la hora de lactancia, visita Conciliación Real Ya.
      Espero haberte sido de ayuda, no dejes de contarme como te va.
      Un abrazo

      • La niña sin nombre

        Muchísimas gracias. Parece que esta mañana cuando cogió el bibi fue un espejismo… Porque sólo esa vez… El resto de las tomas de hoy han sido igual… Y eso que seguía siendo mi leche. Es lo que comentas, al ser yo quien se lo da es imposible… Empieza a buscarme la tetita y es una desesperación verla sufrir tanto, sobre todo, cuando sé que me tengo que ir a trabajar. Pero en casa por el día estoy sola hasta que llega el papi, porque mi familia no vive en Madrid. Aunque quizás, como tú dices, mi amiga lo consiga, al no estar yo en casa… Pobre mi niña.
        Muchísimas gracias por los consejos… Por la noche le doy el pecho… Porque no quiero que pase hambre. Y mañana seguiré intentándolo. Si veo que sigue sin funcionar voy a probar lo que me comentas, que me parecen muy buenas ideas. Ojalá que funcionen. Iré a la farmacia a ver esas opciones.
        No sabes cómo te agradezco tu respuesta con tantos consejos, para ver que tengo algunas posibilidades y tengo que seguir intentándolo sin obsesionarme.
        Un fuerte abrazo y que suerte haber encontrado tu blog ;).
        Besos,

  • Pingback: Nuestra historia de lactancia prolongada #Dialactancia | Una mirada al otro lado

Soy de la familia Madresfera! Paperblog : Los mejores artículos de los blogs