Descubriendo otro modo de criar, de sentir, de vivir... el que me enseña mi pequeño cada día
Aug 31, 2011

Posted by in El segundo año, Las aventuras de Pequico, Post veraniegos de sol y playa | 0 Comments

Qué no se acabe el verano!! -Las aventuras veraniegas de Pequico-

Qué no se acabe el verano!!  -Las aventuras veraniegas de Pequico-

Hola amigos! Soy Pequico de nuevo. Sé que prometí teneros al día de mis andanzas por la playa, pero no he podido sacar ni un ratico pequeño para ello. He andado muy ocupado explorando nuevos territorios, poniendo a prueba mis habilidades y haciendo amiguitos; y es que he llevado una agenda que ni la de un ministro, que no sé quién será, pero eso es lo que suele decir mamá. Así que ahí va el relato de mis aventuras veraniegas.

En cuanto desayunaba, (no muy tempranito que si no mis papis van con cara de “guau” todo el día) me colocaba mi kit playero y ¡pa’ la paya! No es por presumir, pero no me falta de ná, eh? Que mi mami para esas cosas es muy apañá


Y debe ser que voybastante molón con mi atuendo playero, porque todas las señoras me sonríen y me hacen carantoñas al pasar, y yo las sonrío también y a veces hasta hago palmas, que dice mi papá que hay que ser educado.

La playa ya no tiene secretos para mí, he jugado con la arena, construído castillos, bueno mis papis los hacen y yo los destruyo, que eso mola mucho más. He aprendido a utilizar la pala y también el rastrillo, pero lo que más me gusta es excavar con mis propias manos; hago unos hoyos tan grandes, que si no llevo cuidado, me caigo yo dentro. Y me encanta coger la arena a puñados y tirarla hacia todos lados, eso es lo más divertido, aunque tengo que parar pronto que si no, mami se pone seria y dice que basta de comer arena.

También he descubierto que si señalo el cubo y digo ummm, ummm siempre hay alguien que me lo trae lleno de agua, aunque de vez en cuando los acompaño y aprovecho para darme un garbeo por las sombrillas vecinas, a ver que se cuece.

 Ya sé que la bañera gigante se llama mar y me encanta remojarme en ella; me recorro la orilla, entro, salgo, salto con las olas… Luego dejo que me tomen y me lleven un poco más adentro, y chapoteo boca arriba, boca abajo, cuánto más pataleo, más espuma sale…

A veces me subo un rato en mi flotador y me echo carreras con mi tata o navego a caballito, a la espalda de mamá. Aún no sé capuzarme, pero no es problema, porque mi tito me enseñó a meterle la cabeza en el agua, a todo el que se me acerque; a la que más, a mi tata, porque cuando se sumerge hace muchas burbujas. Un día la capucé tanto que se le pusieron los ojos muy muy rojos, pero ella no dejaba de sonreírme, qué buena que es, la quiero más…

Y lo más importante y que aún no os he contado: ¡¡Ya sé andar solito!! Al principio me daba un poco de miedo y me agarraba al dedito de mamá, pero ahora me encanta. Soy libre de ir donde quiera, bueno casi, porque siempre tengo al pesado de papá cerquita no vaya a ser que me caiga. Me encanta despistarle y cambiar de dirección rápido, dice que parezco un futbolista regateando; y hace unos días, descubrí lo divertido que es dar vueltas girando sin parar, aunque al final parecía que el suelo se movía un poco, será lo que dijo mamá, que me mareé un poco. Tengo que practicar más. Ah! Se me olvidaba… Ayer se me ocurrió llamarla, a ratos maamma, y a ratos mami, y hay que ver lo contenta que se puso. Si lo llego a saber se lo hubiera dicho mucho antes, pero es que como, aunque no la llamara, siempre venía, pues no me había echo falta, la verdad.

También he aumentado mi actividad social. He conocido a muuuuucha gente, algunos me decían que eran de mi familia pero yo no me acordaba de ellos. Y todos sonreían mucho y me estrujaban y decían ¿te vienes? Pero yo me agarraba fuerte a mi papi, y pensaba de aquí no me mueve nadie. Pasé unos días muy chachis con lo yayos y el padrino, en el pueblo, y me bañé en una piscina, que no es tan grande como el mar pero también mola un montón. Gracias a mi yayo probé por fin el tate (chocolate) y con la yaya me gustaba jugar al pillao.

Pero donde más gente he conocido es en el parque. Hasta ahora yo no tenía mucha experiencia por estos lares, pero pase unos días con mis primas y me pusieron al tanto de todo lo que hay que saber. Ya no se me cuelan para subirme al tobogán y cuando alguien lleva mucho rato en el caballito sé cómo pedir amablemente mi turno (que suele ser básicamente lanzar una caída de párpados a la mamá o papá del que está montado). Allí he hecho algunos amiguit@s y me he puesto un poco al día de cómo está el mundo infantil. El otro día charlando con mi amigo Arturito, me di cuenta de que no me va nada mal… Estoy pasando el verano en un garito coqueto, desde el que se ve el mar; tengo taxi privado que me lleva donde quiero, servicio de limpieza gratis, niñera (mami, papi y allegados) las 24h del día, menú a la carta, barra libre de teta y un surtido sin fin de juegos, mimos y abrazos. La verdad es que no me puedo quejar…

Pues eso, que me encanta el verano, y es que como dice mi papá ¡esto es vida! Pero llevo unos días un poco mosqueado, ya he oído decir dos veces a mamá que el verano toca a su fin, y todos andan hablando de que hay que volver a algo llamado trabajo, que no sé qué será, pero pa’ mí que nada bueno, porque cuando lo dicen se ponen serios y casi que un poco tristones. Así que estoy muy preocupado y no sé que hacer, mi madre en estos casos siempre convoca un consejo de sabios. ¿Hay alguno por ahí? Por favor compadeceos de mí y ayudadme… ¿qué tengo que hacer para que no se acabe el verano?

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