Descubriendo otro modo de criar, de sentir, de vivir... el que me enseña mi pequeño cada día
Aug 23, 2011

Posted by in El segundo año, Pequico crece! | 0 Comments

Caminante, no hay camino…

Caminante, no hay camino…

Caminante, no hay camino, se hace camino al andar…, eso decía Antonio Machado, y eso debe pensar Pequico porque, desde hace un mes empezó que a dar su primeros pasos, no hacemos otra cosa. Llevamos tanto andado, como para haber hecho los caminos de la mitad de la red de senderos españoles… (si me permitís la hipérbole).

Y el caso es que al peque le ha costado un poquitín lanzarse. No se sentía del todo seguro, daba unos cuantos pasos pero enseguida, buscaba con su mano nuestro dedico. Una amiga nos habló de unas correas de sujeción, que ayudaban a evitar caídas, pero permitían darle más autonomía y que así se fuese soltando. Yo conocía unas tipo arnés, que se sujetaban a la cadera y que no nos convencían mucho, pero ella nos habló de otras que van agarradas al tronco (lo podéis apreciar mejor en las fotos).

                                   

La verdad es que nos han funcionado genial; fue ponérselas y soltarse, se ve que se sentía más seguro y ya no quería ir cogido de la mano. Y nosotros también mejoramos sustancialmente, hemos podido volver a andar erguidos (a mí casi se me había olvidado lo que era andar recta) y vamos más tranquilos, sabiendo que no va a caerse. Ahora va echo un loco, casi corre más que anda, y hay que llevar cuidado porque a veces frena de golpe o se gira muy rápido y pierde el equilibrio. Lo que todavía no hace es levantarse completamente solo del suelo sin ayuda, necesita apoyarse en algún objeto cercano (llámese sofá, silla o las piernas de mamá), pero no creo que tarde mucho. Sí consigue, incorporarse de tumbado a sentado por sí mismo, mientras pone una cara de concentración y de hacer fuerza muy graciosa.

Está cada día más mayor, se le ve más niño y parece ir dejando atrás al bebé; me produce un poco de vértigo ver cómo el tiempo pasa tan veloz, siento que se me escapa. ¡Y es que ya son 15 meses! Lo he pesado y medido en casa (de aquella manera) y el resultado son 11,7 kg y 89 cm de Pequico. Como cada nuevo mes, voy a hacer resumen de sus principales avances; estoy segura de que algún día, cuando lea este diario, le hará mucha ilusión conocer cómo iba descubriendo, explorando y aprendiendo cada día algo nuevo.

Cada vez intenta hacer más cosas por sí solo: coge el cepillo y se peina (bueno, se despeina más bien), le gusta ponerse y quitarse la gorra (al colocársela se la deja a medio poner y va muy cómico), intenta ponerse los zapatos, sin conseguirlo… También le encanta usar la cuchara y el tenedor, aunque no muestra demasiado interés por llevarse la comida a la boca, prefiere darnos de comer a nosotros y cuando se trata de comer él, hacerlo con sus deditos. Ah! Y si está comiendo pan, cuando no quiere más, lo tira al suelo y dice guau!, para llamar al perro y que se lo coma.

Uno de los grandes descubrimientos de este verano ha sido el cielo, le siguen chiflando los aviones y ahora también llaman su atención los pájaros (no se le escapa ninguna gaviota que pase) y la luna. Estira su bracito y los señala con el dedo, cual Cristobal Colón señalando América. Cuando ve un avión dice oto, oto… Y nosotros ponemos cara de ¿? Hemos pensado que igual es porque alguna vez que han pasado varios aviones seguidos le hemos dicho mira Pequico, otro, otro y que oto sea una versión de otro. 

En cuanto al lenguaje, no ha aumentado sustancialmente el número de palabras, sino más bien el significado que da a ellas. Me explico: desde hace mucho tiempo que al muñeco de la foto lo llamaba con total claridad Pepe; pues ahora, cuando ve otro muñeco nuevo, lo llama con el mismo nombre. Es como si la palabra Pepe hubiese pasado a ser igual a muñeco.  Igual ocurre con papi, ahora lo mismo la utiliza para llamar a papá, que al ito, que a la tata o incluso a mamá. Así que ahí estamos, intentando que diversifique y amplíe vocabulario. Sólo dice mamaa cuando me reclama con exigencia, así enérgicamente, ya me entendéis.

Cuando quiere que le pongamos los Cantajuegos dice íaía (creemos que es por la canción “En la granja de Pepito, íaíao”). Aunque, últimamente cuando ve alguna cosa que no conoce o que le llama la atención también dice íaía. Y a la palabra pan, ahora ha sumado papa, para llamar a la comida en general (ya sea un melocotón, que le chiflan, o un poco de pechuga de pavo). La que sigue siendo la palabra estrella es ¡Anda! O si no, que se lo digan a todos los que nos vieron el otro día comprando en el Mercadona; iba todo el pasillo señalando con su dedito y diciendo ¡Anda! ¡anda! Todo el mundo nos miraba y se reía, y es que no era para menos, de verdad. Lo que sí observamos en que entiende muchas cosas, por ejemplo, le dices ¿Vamos de paseo? y sale pitando para la puerta. Y me encanta cuando habla frases en su propio idioma, como digo yo; además te las dice así, tan serio, mirándote a los ojos, que te hace sentir que el bebé eres tú, por no entenderlo. Cada cierto tiempo nos sorprende con una retahíla nueva, la última es pichú, pichú, pichú…, la dice un montón, ¿sugerencias de traducción?

Sus dos pasiones siguen siendo empujar y tirar. Continúa jugando con el tren y los cochecitos, sentado y barriendo “arrastraculos” todo el suelo de la casa; pero como está más tiempo de pie que sentado, se dedica a ir con su trenecito en mano, de una superficie a otra (sofá, mesa, sillas varias), digo yo que para comprobar si rueda igual en todas partes. Y ya es todo un experto en lanzamiento de juguetes y objetos varios, al menos, ahora los tira y va él mismo a por a ellos, para tirarlos otra vez, por supuesto.

Tiene más habilidad con las manos y es capaz de meter piezas de diferentes formas en su lugar o de encajar los aros en un palo (como en el faro de la foto). También “cabalga” a lomos de “Bambi“, cual vaquero del lejano Oeste. Y el otro día nos sorprendió haciéndole pedorretas al Sr. Oso, será porque nosotros se las hacemos a él. Además, le gusta mucho que juegue a ir señalando las diferentes partes de su cara y diciendo cómo se llaman (ojo, nariz, boca…) y él me va tocando a mi también, para que diga su nombre.

Sigue dando muestras de su carácter y ya ha tenido alguna pequeña rabieta, cuando algo no sale como él quiere. Por ahora, nuestra táctica es cambiarle el chic y entretenerlo con otra cosa y de momento va funcionando. Capítulo aparte merecen sus andanzas por la playa y la piscina, aunque creo que eso casi mejor que os lo cuente él otro día…

Y así seguimos, disfrutando intensamente cada nuevo mes, sorprendiéndonos con algo nuevo cada día. Nadie niega que ser padre es a veces algo durillo, pero no me diréis que no es la mayor aventura de vuestra vida.

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