Descubriendo otro modo de criar, de sentir, de vivir... el que me enseña mi pequeño cada día
Jul 9, 2011

Posted by in El segundo año, Pequico crece! | 0 Comments

Genio y figura

Genio y figura

Pues sí, todo genio y figura, ese es el Pequico últimamente. El domingo pasado cumplió ya 14 meses; cada vez se le ve menos bebé y más niño, y poco a poco, nos está dando muestras de su personalidad y carácter. Vamos que en opinión de familiares y amigos, “ha sacado el mismo genio de su madre”, no sé por qué lo dirán, vamos yo, que soy muy tranquilita y modosita. Ejem, ejem… bueno vale, lo reconozco, un poco impulsiva y atascada quizá sí que soy, pero tengo buen fondo, ¿eh? Y que conste, que si lo del genio es de mamá, pues lo de figura también, ¡faltaría más! O de quién ha sacado si no, esa pedazo de sonrisa, caída de pestañas incluída, ¿eh?

En fin, a lo que vamos, la verdad es que el Pequico por lo general es tranquilo y suele adaptarse bastante bien a todo. Cuando vamos a cualquier sitio, es el típico niño que todo el mundo dice “Qué bueno que es, ¿no?” y no sé si será por timidez, pero de primeras es más bien serio y muy observador, hasta que coge confianza… Entonces es un bichejo, que no quiere nada más que que le hagas cosquillas y juegues con él, y se convierte en un auténtico torbellino. Vamos, para comérselo enteretico. Pero es que además, él tiene cada vez más claro lo que quiere y lo que no, y cuando algo no le cuadra, entonces es cuando saca ese genio del que os hablaba. Un ejemplo: está sentado en la trona, comiéndose un trozo de pan, pero éste es tan pequeño ya, que se está mordisqueando los dedos; así que tú, con toda tu buena intención, quieres cambiárselo por un trozo nuevo, más grande. No veas cómo se enfada cuando se lo quitas, aprieta la mandíbula y chilla “ahrrr”, tira el trozo nuevo y arrambla con todo lo que haya en la bandeja y empieza a agitar frenéticamente las manos. Claro, él no entiende que sólo quieres cambiárselo y muestra su enfado, pero no me negáreis que tiene temperamento, je, je.

Siguiendo con el tema de la comida, ha empezado a mostrar mucho interés por los cubiertos, claro, que a su modo, ¿para qué llevarse la cuchara a la boca, cuando es mucho más divertido ir haciendo montoncitos de comida encima de la mesa (pero no intentes quitarle la cuchara, que ya sabes lo que pasa…). Además, sabe beber solito del bibe de agua (sin asas) y del vaso. Eso sí, una vez que ya no tiene sed, le encanta volcar el vaso y ver cómo cae el agua. También sigue comiendo muy bien, toma sus purés, aunque menos cantidad, y cada vez come más alimentos a trocitos, pero eso os lo contaré mejor en otra entrada.

              

  

En cuanto al lenguaje, sigue más o menos con el mismo repertorio de palabras (hola, pan, agua, guau…) pero cuando quiere, le da por repetir como un lorito, palabras que le decimos, aunque a veces no estamos muy seguros de si las asocia a su significado o no. Por ejemplo, cuando llama a su papá, dice “papi, papi”, pero también lo utiliza para llamar la atención de otras personas. Cada vez está más interesado en la gente, le encanta ponerse en el balcón de la casa de la playa y llamar a todo el que pase por debajo, sobre todo si son niños. Les dice “¡eh,eh!”. También le siguen fascinando los perritos, no hay ninguno que se libre de que lo salude, con un “hola” súper claro y de que reclame su atención, “vi”(ven).

También ha aprendido a decir “hola” y “adiós” con las manos. Aunque a veces se lía y hace las dos cosas a la vez, así que parece que está bailando sevillanas. Si le preguntas cuántos añitos tiene, cierra el puñito y saca su índice, mostrando claramente un dedo (eso se lo ha enseñado la Tita Beva) y si le preguntas “¿Cómo está usted?” y le ofreces tu mano, él te la agarra y dice “been” (bien); eso lo ha aprendido con el ito (abuelito).

Le encanta jugar, no sé cansa y él es quien decide con qué juguete y cuánto tiempo. Le gusta apilar objetos y hace torres de cuatro cubos (como los que forman la jirafa de la foto); con los coches, le cuesta un poco más encajarlos. El otro día le compramos en Ikea cubiletes de estos encastrables y es capaz de ponerlos hasta seis, unos encima de otros.


Viendo su interés por apilar, nos animamos a comprarle sus primeros megablocks (a su padre y a mí nos volvían locos de pequeños). Le enseñamos como encajarlos y parecía ir bien la cosa, (que la foto no os engañe, el castillo lo hice yo) pero
enseguida pensó que era mucho más divertido lanzarlos, cuanto más lejos mejor. Estuve una hora recogiendo piezas, porque conforme yo las iba metiendo en su bolsa él las iba sacando. Así que pensé, ¿y si lo hago al revés?

Efectivamente, empecé yo a sacarlas de la bolsa y entonces él las metía, para compensar digo yo. Lo cierto es que le apasiona tirar las cosas y oír el ruido qué hacen, cualquier juguete o cosa. Y yo me pregunto, esto es una fase pasajera o es que mi hijo va para lanzador profesional. Por favor, decidme que a los vuestros les ocurrió igual y luego se les pasó la manía…

Cada día que pasa está más explorador y aventurero, quiere tocarlo todo, abrir y cerrar puertas y cajones, nada está a salvo a su paso, lo normal, vamos. ¡Y a veces tiene cada ocurrencia! Os cuento un par de anécdotas: hace un par de días estaba barriendo el balcón, y quiso coger la escoba. Se la dejamos y, ni corto ni perezoso, intentó tirarla por el balcón.  Su padre se la quitó y claro, a él no le hizo ni pizca de gracia, así que vino (agarrado de la mano de papá) hasta donde yo estaba,  para que lo cogiera y me llevó de nuevo hasta la escoba, a ver si conmigo tenía más fortuna. ¿Qué os parece?  Otro día, que estábamos en el parque, veía a los niños subir por los escalones del tobogán y quería ir detrás, pero claro, no podía, porque eran muy altos. Ahí quedo la cosa, pero cuando nos vamos andando (lo llevábamos cogido su papi y yo, uno de cada mano) vemos a poco metros, una casa con escalones, y él allá que quería ir directo a subirlos. La única forma de pararlo fue tomarlo, eso sí, a los vecinos que estaban en la terraza jugando a las cartas les hizo mucha gracia.

Ha descubierto el eco, y cuando salimos a la escalera del edificio empieza a decir “aa  aa”, para escucharse. Y otra cosa que lo vuelve loco son los aviones, pero los de verdad. En la zona donde veraneamos pasan muy bajos y se les ve perfectamente. En cuanto los oye, empieza a buscarlos con la mirada y los sigue, hasta que se pierden en el horizonte. Y así podría seguir contando… pero casi mejor lo voy dejando, que me está quedando una entrada muy larga.

Sólo una cosita más, ayer, viernes 8 de julio, será una fecha para recordar. ¿Por qué? Pues porque el Pequico comenzó a dar sus primeros pasos él sólo. Pero no tres o cuatro, como hasta ahora, sino un tramo largo. Qué gracioso qué está, aunque quiere ir muy rápido y le falta todavía estabilidad. Hasta ahora iba cogidito de un dedo, pero yo creo que es cuestión de días que se lance a andar del todo.

Y bueno, eso es todo por hoy. Ya os seguiré contando con qué nuevas cosas nos sorprende el Pequico.

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