Descubriendo otro modo de criar, de sentir, de vivir... el que me enseña mi pequeño cada día
Jun 14, 2011

Posted by in Las aventuras de Pequico, Post veraniegos de sol y playa | 0 Comments

Me gusta la paya

Me gusta la paya

Hola a tod@s! Soy el Pequico de nuevo. Siento haber tardado tanto en volver a escribiros, pero es que mi mami no me deja acercarme al ordenador, dice que voy a ser un geek como mi padre (que no sé que querrá decir, pero no puede ser muy malo si lo es mi papá) y que le vamos a llenar la casa de cacharros y manzanas, que no sé yo que tendrá que ver lo uno con lo otro, en fin, cosas de mamá.

Así que me he hecho el dormido un rato y, mientras ella hace la comida, estoy aprovechando para hablar con vosotros. No me regañéis, ya sé que no está bien engañar a mami, pero esta vez es por una buena causa; tenía que contaros una cosa muy, muy importante, este fin de semana… ¡¡he estado en la paya!!, uff, quería decir la playa, pero es que es muy difícil de pronunciar.

Cuánta gente, y niños, y paragüas gigantes de todos los colores… Y el suelo estaba blandito y lleno de granitos como el arroz, bueno, más bien como el azúcar, pero marrón. Y se podía jugar con ellos. Era muy divertido. Y por si fuera poco, mamá sacó una bolsa con un montón de juguetes y me iba diciendo sus nombres (cubo, pala, rastrillo, regadera, castillo…) pero yo sólo podía pensar en cogerlos todos a la vez y no sabía por cual decidirme.


Menos mal que la ita (que es como llamo yo a mi abuelita), me explicó que el azúcar marrón se llamaba arena y me enseñó cómo se utilizaba cada juguete. Aunque enseguida le pillé el tranquillo, que os pensáis, ¡qué ya soy mayor! Pero lo que más me gustaba era coger la arena con mis manos y echársela en la pierna a mi Tata Beva. Mi mamá decía que parecíamos croquetas, ¿pero eso no es algo de comida? Por cierto, hablando de comer, ni se os ocurra probar la arena, ya os digo yo que no sabe a nada y te deja un sabor muy malo. Ya llevaré yo cuidado, de que no me caiga en la boca la próxima vez, ¡una y no más!

Luego mamá me tomó y no os vais a creer donde me llevó, ¡¡a la bañera más grande que he visto en mi vida!!, y además el agua hacía como ondas y se veían muchos juguetes pequeñines en el fondo. Yo quería tirarme de cabeza, pero mami dijo algo de que el agua estaba muy fría y sólo me mojó los pies. Yo le pregunté, si nos podíamos llevar la súperbañera a casa y respondió, que no nos iba a caer en el coche. Pero me prometió que volveremos otro día y nos daremos un buen chapuzón juntos. La próxima vez tengo que acordarme de traer a pato, que seguro, que acostumbrado a la bañera de casa, flipa en colores cuando vea ésta. Aunque claro, también tendría que llevar a pulpo, a estrella, a cangrejo y a caballito. Uff!!, no sé si voy a poder con todo, casi mejor que se queden en casa, no se vayan a ahogar.

Por cierto que la bañera gigante tiene nombre, ¿cómo era? Ah, sí, mar…. Arena, playa, mar… cuántas palabras nuevas. Pero éstas tengo que aprendérmelas bien, para que cuando pida que me lleven, me entiendan bien. ¡Qué tengo unas ganas locas de volver!Papá no pudo venir, no sé que decía mamá, de que tiene alergia a la playa (espero que no sea nada grave), pero hicimos fotos y vídeos con un cacharro de esos con manzana, y luego se río mucho al verlas. Así que yo creo que la próxima vez seguro que no se lo pierde.

Bueno, os dejo ya, que viene mamá. Ups!, creo que me ha pillado. Espero que no se enfade mucho. Ya os contaré… ¡¡Hasta otro día!!

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