Descubriendo otro modo de criar, de sentir, de vivir... el que me enseña mi pequeño cada día
Jun 13, 2011

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A vueltas con la conciliación

A vueltas con la conciliación

Cuando me quedé embarazada de Pequico, una de las primeras cosas a las que empecé a darle vueltas, y que más quebraderos de cabeza me trajo, es pensar cómo nos íbamos a organizar cuando tuviera que volver trabajar. Además, es de las primeras cosas sobre las que empieza a preguntarte (y a opinar también) todo el mundo; bueno eso, y si vas a dar pecho, aunque por suerte, lo segundo, lo tenía bien claro.

Mis padres viven muy cerca pero ambos trabajan, y a mis suegros los tengo lejos, así que las posibles soluciones que parecía tener eran dos: guardería o niñera. Acumulando todo lo acumulable (las 16 semanas de baja, las cuatro de lactancia y las vacaciones), tendría que incorporarme de nuevo al trabajo, cuando mi baby tuviera algo menos de 6 meses. Encontrar una persona de confianza a la que abrirle mi casa y confiarle a mi pequeñín se me antojaba muy difícil; y llevarlo a la guardería, con un cuidador a cargo de él y siete bebés más, tampoco me terminaba de convencer. Además, era consciente de que empezaría a ponerse malito y entonces, qué iba a hacer. También empecé, a barajar otras opciones como coger una reducción de jornada, intentar combinar horarios con mi marido, cambiar turnos, etc, aunque la cosa pintaba bastante complicada. Pero bueno, quedaban varios meses por delante, así que intentamos no agobiarnos y pensarlo todo con calma, ya decidiríamos cómo proceder.

Entonces, Pequico llegó a nuestras vidas y con él llegaron también: la lactancia a demanda, los ratos tirada en el sofá, con su diminuto cuerpo dormido entre mis brazos, las horas muertas mirándole sólo respirar… y las siestas juntos, las canciones juntos, los juegos juntos y todas esas “primeras veces” juntos; el placer de no perderme un minuto de su preciada existencia, vivirlo y sentirlo todo junto a él.

Conforme pasaban los días, me costaba más y más, pensar que ese tiempo en exclusiva llegaba a su fin, y que cada vez estaba más cerca el momento de separarme de mi pequeño. Casi habíamos descartado la idea de contratar a alguien para que lo cuidara en casa, e imaginar siquiera, que pudieran dejarle llorando en su cunita de la guarde, me partía el corazón. Así, que una idea comenzó a tomar forma en mi mente, mi parte racional intentaba desdeñarla, pero era, lo que todo mi ser me pedía a gritos: dejar de trabajar.

Siempre me ha gustado mi trabajo y me he sentido realizada con él, tengo un buen horario y un sueldo que, sin ser para echar cohetes, es decente; además, he sido muy activa, de esas que no paran nunca en casa y están metida en mil proyectos e iniciativas. Sabía que era un cambio radical, sin embargo, en ese momento, no había cosa que deseara más en el mundo, que dedicarme por entero a cuidar de mi bebé. Pero ésta no era una decisión sencilla. Si me hubiera tocado una primitiva lo habría tenido bien claro, pero esas cosas sólo pasan en las películas… así que había que hacer muchos números y no era nada fácil.

Y ahí fue cuando me di cuenta, una vez más, de lo importante que es compartir tu vida con alguien que siente y ve las cosas como tú. El papá del Pequico fue el que decantó la balanza. Me convenció de que podíamos vivir con menos y aplazar los proyectos que teníamos en mente; para él, nuestro tiempo, era el mejor regalo que podíamos hacer a nuestro pequeño.

Así que nos liamos la manta a la cabeza y me cogí una excedencia. En principio iba a ser por unos meses, pero la hemos ido alargando y cada vez nos queda menos para llegar al año. En nuestro entorno cercano, nos entendieron y nos apoyaron mucho, y la verdad es que nos las hemos apañado muy bien; en ningún momento nos hemos arrepentido de la decisión que tomamos, todo lo contrario. Ilusa de mí, creí que ese tiempo se lo estaba regalando a mi hijo, para descubrir, que el regalo era todavía mayor para mí. Haber podido disfrutar de estos meses, viviendo prácticamente las 24 horas del día juntos, no tiene precio.

Muchas veces cuando he leído sobre este tema en otros blogs, se genera un intenso debate con posturas muy encontradas. Yo no pretendo defender que la alternativa que he tomado sea la que hay que seguir. Pienso que cada uno tiene que valorar sus propias circunstancias y decidir aquello que crea mejor para él y su familia, dentro de sus posibilidades, claro está. Simplemente quería contaros mi experiencia y cuál ha sido, sin duda alguna, la mejor opción para nosotros. En lo que sí creo que coincidiréis conmigo, es que las 16 semanas de baja maternal, son a todas luces insuficientes y que todavía queda mucho camino por recorrer para poder conseguir una verdadera conciliación entre trabajo y familia.

Sin embargo, como dice el dicho “todo lo bueno se acaba…, y muy a mi pesar, pronto tendré que reincorporarme al trabajo, algo que por cierto, se me hace un poco cuesta arriba. Pero como ya me he extendido mucho, de eso, casi mejor os hablo otro día…

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