Descubriendo otro modo de criar, de sentir, de vivir... el que me enseña mi pequeño cada día
Jun 2, 2011

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Mamá sirena

Mamá sirena

Siempre me ha encantado la música, y de diferentes maneras, ella ha sido mi compañera de viaje en todos estos años. De hecho, creo que podría contar mi vida, a través de las canciones que me han ido acompañando en el camino, algo así como…”la banda sonora de mi vida”, no estaría mal, ¿eh?

Durante el embarazo solía escuchar mucha música para relajarme, casi me hacen usuaria honorífica de spotify, je, je. Aunque lo que más solía ponerle a Pequico era música clásica, sobre todo a Mozart (por aquello del efecto Mozart, algún día os hablaré del tema, por si no sabéis de él).

Además, como soy una cotorra empedernida, me pasaba el día hablándole y contándole mil cosas. Cuando empezó a darme sus primeras pataditas teníamos nuestra propia forma de comunicarnos. Yo daba unas palmaditas sobre mi barriga, siempre haciendo el mismo ritmo y él me respondía con una patadita en el lugar en el que yo había dado las palmas. Aún me emociona recordarlo.

Y bueno, a pesar de que no tengo una gran voz que digamos, también le cantaba mucho. Al principio simplemente canciones que eran especiales para mí. Pero luego fui inventando pequeñas canciones, muy sencillas, que iba anotando en una libretita. Por ejemplo, por las mañanas al despertar:

Hola Pequico, soy tu mamá. Hola Pequico, y éste es tu papá.

Junto cantamos esta canción, con alegría y mucho amor.

 

O cuando me iba a dormir:

Duérmete lindo bebé, duerme que todo irá bien,

mami canta esta canción, con dulzura y mucho amor

duérmete lindo bebé, sueña, alegre, sueña.

 (sobre la música de “Ah, vous dirai-je maman”, la canción infantil francesa sobre la que Mozart escribió sus doce variaciones para piano, nuestra “Campanitas del lugar”)

Cuando Pequico nació, le tranquilizaba un montón escuchar mi voz y se dormía mientras le cantaba. Y conforme se fue haciendo más mayor, sin proponérloslo, fue surgiendo una canción para cada momento: para la comida, para vestirle, para el baño, etc… Él, que es muy pillo, enseguida empezó a asociar cada cancioncilla a su rutina. Así que, por ejemplo, si está nerviosito porque tiene hambre ,y mami se ha despistado y le falta un poco a la comida, basta con empezar a entonar Vamos a comer, a comer, a comer… y ya sabes que cuentas con unos minutos extra, porque él automáticamente se calma.

También empezamos a recordar canciones de esas que cantábamos de niños, como Debajo de un botón, Dónde están las llaves, El patio de mi casa, Pin Pon, A mi burro…. Y a aprender otras, como Cucú cantaba la rana o Los pollitos. ¡Y a cantar mientras jugamos!

Pero sin duda lo que se ha llevado la palma son las canciones de cuna. La primera vez que me puse a acunarle con el Duérmete niño,  de toda la vida, dije pero qué horror, como voy a decirle yo a mi bebito que si no se duerme viene el coco. Así que modifiqué un poco la letra:

Duérmete niño, duérmete ya que las estrellas te alumbrarán

Si no te duermes mami vendrá y un besito te dará…

(la letrilla va con visión de futuro, por si algún lejano día, va y se duerme él solito en su cama, y eso, porque lo que es ahora, no hace falta que venga mami, que ésta no se va a ningún sitio…)

Aprendí nanas nuevas, como el Arrorró, mi niño o Al arrorro monín… Pero sin duda mi favorita siempre fue la Nana de Brahms. Ésta también se la entonaba durante el embarazo, pero el problema  era la letra; no era plan cantársela en alemán, como el lied, y no terminaba de dar con una adaptación que me convenciera, así que la tarareaba o a veces la solfeaba (mi mi sol mi, mi mi sol…). Hasta que un buen día encontré una letra que me gustó. Os la enlazo aquí por si alguien se ha visto en la misma disyuntiva.

 

Así que nada, como veis, me paso casi todo el día cantando. El Papá del Pequico dice, que a ver si nos sale artista. y nos jubila a todos (aunque su tito dice lo mismo cambiando la profesión a futbolista). En fin,  casi seguro que ni lo uno ni lo otro, con las previsiones que hacen últimamente nos consideraremos afortunados de que encuentre empleo. Pero bueno, para eso queda muuucho tiempo.

 

Para terminar, os dejo una versión instrumental de la Canción de cuna de Brahms, del guitarrista Mike Wollenberg, que es de mis favoritas.


¿Y vosotr@s, cantáis también a vuestros pequeños? Igual podemos formar una coral virtual en un futuro…

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