Descubriendo otro modo de criar, de sentir, de vivir... el que me enseña mi pequeño cada día
May 28, 2011

Posted by in El primer año, Pequico crece! | 0 Comments

12 meses aprendiendo

12 meses aprendiendo

Tenía pendiente contaros todas las cositas que hace ya mi Pequico, con un añito, pero se me adelantó y publicó él solito esta entrada, que viendo el éxito que ha tenido, me dan ganas de retirarme yo y que a partir de ahora escriba él, je, je…

La verdad es que es increíble, yo diría que casi mágico, contemplar como un bebé va creciendo y desarrollándose. Cada día me maravillo de cómo evoluciona y aprende a pasos agigantados, y sólo llevamos un año, no puedo ni imaginar todo lo que nos queda por vivir. Me da mucha pena no haber comenzado con este blog antes, para haber ido anotando cada logro, cada descubrimiento, en fin cada pequeño “milagro”. Recuerdo cuando era ese bebé morenito y delgadito, que sólo quería comer y dormir, y que ahora es ya una personita súper activa y despierta, blanquito y mofletudo y con unos ojazos que quieren devorarlo todo, y me da un poco de vértigo.

Hoy me ha dado por revisar con él las numerosas fotos y vídeos que le hemos ido haciendo. Uno de los primeros vídeos que le grabamos fue cuando, con dos meses escasos, comenzó a reírse a carcajada limpia, mientras jugaba con su papi, y yo me fui corriendo a por el móvil, feliz de poder inmortalizar sus primeras risas (que no sonrisas, porque esas te las echaba desde que nació, que ha sido siempre un conquistador). El Pequico se partía de la risa, al verse en otro vídeo, en el que salía jugando boca abajo en su gimnasio y mirándose en un espejo. ¡Porque hay que ver lo que le gustan los espejos!

Aunque lo de jugar tumbado no le ha entusiasmado nunca mucho; desde que empezó a mantenerse sentado, ha tenido predilección por esta posición. Y eso, que yo lo ponía mucho boca abajo, a ver si se animaba a gatear. Tuvo unos inicios prometedores, cual reptador, se arrastraba sobre la barriguita que no veas. Pero en lugar de ir hacia adelante, se apoyaba sobre las manos, estirando los brazos, y empujaba el culito para atrás. Vamos, que iba en plan cangrejo, el muchacho. Así que, cuando intentaba coger un juguete próximo, comenzaba a reptar hacia atrás y cada vez se alejaba más de él, y claro, menudo enfado se pillaba. Entonces, no quedaba más remedio que sentarlo y así sentadito, dando culazos, llegaba él solito hasta el juguete en cuestión. Tiene ya una práctica en esto de arrastrarse sentado, que parece que llevase un patinete en el culo, ja, ja. Y para girarse, se apoya con una mano y pivota sobre ella. ¡Hace una gracia verlo!

Pero lo que más le gusta desde bien pequeño es estar de pie, y ahora que está comenzando a andar, sólo quiere estar de aquí para allá. Cada día se mantiene mejor sólo y ya va dando algunos pasitos. Con lo atrevido que es, cualquier día nos sorprende y se lanza, miedo me da… va a arramblar con todo. Lo que también le encanta es hacer la croqueta, o sea rodar tumbado de boca arriba a boca bajo; es capaz de encadenar dos o tres vueltas seguidas.

Ha aprendido jugando a dar las cosas. Cuando tiene un juguete en la mano, y si le pilla de buenas claro, le dices ¿me lo das? y él te lo entrega y dice oma (toma) y nosotros le respondemos, gracias. Entonces, lo hacemos al revés, le damos el juguete diciendo, toma, y él responde ta (gracias). Cuando algo le sale bien, solemos aplaudirle y le decimos ¡bieeen! Y ahora, le ha dado, cuando quiere captar nuestra atención por hacer palmas él sólo y decir ¡een, een!

El otro día, con los primeros calores, decidimos llevarlo, por primera vez, a cortarle un poco el pelo, para que vaya más fresquito, que suda un montón. Yo tenía mis dudas acerca de como iba a resultar la cosa, la verdad. Pero el colega nos dejó a todos anonadados, se quedó todo quietecito, mientras la peluquera procedía, y cuando terminó, le dedicó una sonrisa y unos cuantos ¡eh, eeh! Con deciros que no nos quiso ni cobrar. Eso sí, cuando llegamos a casa, en un despiste mío, cogió por banda una caja de pañuelos de papel y la vació en un santiamén. Y no contento con eso, cogió un pañuelo con sus dos manitas y no paró hasta que consiguió partirlo en dos.

El verano pasado estuvimos en la playa, pero él era muy pequeñito aún, así que se puede decir, que ayer, descubrió el mar. Se quedó alucinado, su padre lo acercó a la orilla y él no quería nada más que tirarse al agua y señalaba con el dedo diciendo ¡aaah, aaah! Estoy deseando que haga más calorcito y darnos nuestro primer baño marino, seguro que será toda una experiencia.

¿Y qué más puedo contaros? Que le vuelve loco todo lo que tiene luces y tenemos que esconder todos los mandos a distancia y los teléfonos inalámbricos, porque le llevan de cabeza; que se tapa él solito la cara con las manos (bueno siempre deja un ojito al descubierto) para que le digas ¿dónde está el Pequico? y se muere de la risa cuando le decimos ¡que está aquíii!; que se pirra por jugar al cucú, trás o que tiene muchíiisimas cosquillas y le encanta que le hagas pedorretas. En fin, son tantas cosas… tantas pequeñas cosas, las que nos regala cada día… pequeñas porciones de felicidad.

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