Descubriendo otro modo de criar, de sentir, de vivir... el que me enseña mi pequeño cada día
May 16, 2011

Posted by in A flor de piel..., Cómo Pequico llegó a nuestras vidas, Embarazo, Maternidad | 0 Comments

Quiero ser madre…

Quiero ser madre…

Quizás al leer el título del post alguien haya pensado que me estoy planteando aumentar la familia…¡falsa alarma! Me encantará darle un/a herman@ al Pequico, cuando llegue el momento, pero es muy pronto todavía; queremos esperar a que sea un poquito mayor y más independiente. En realidad, lo que estaba intentando recordar, es en qué momento me di cuenta de que quería ser madre.

Siempre me han encantado los niños y he empatizado muy bien con ellos. Quizás, porque en el fondo, a pesar de mis 33 tacos, yo sigo siendo como una niña; y porque además, resulta que soy un poco, bueno en realidad, bastante payasa. Ya os daréis cuenta conforme me vayáis conociendo. Vamos, que yo sí que había sentido desde hace tiempo, eso que llaman el instinto o el deseo maternal. Sin embargo, de que te gusten los peques a tener tú uno, pues hay un largo trecho.

Mi pareja y yo llevamos un “puñao” de años juntos, una adolescencia casi, pero lo que es conviviendo juntos y bien casaditos, pues va ya para cuatro largos años, esto es, quería decir para cuatro años largos (camino de los cinco), que cambio el adjetivo de sitio y ya la estoy armando.

Cuando nos casamos nuestra situación laboral no estaba estabilizada del todo, pero con esfuerzo y algo de suerte lo conseguimos al poco tiempo. Los familiares y amigos nos dieron un año de margen y a partir de ahí, no había reunión o evento social en el que no saliese la dichosita frase: “Y vosotros, ¿no os animáis?” (versión incitadora); y sus diferentes variantes: “Y vosotros, ¿para cuándo?” (versión lo damos por hecho); o mi favorita, “se os está pegando el arroz” (versión amenazante). Vamos, a mí, que tengo que confesar que no he echo un arroz en mi vida.

El caso, es que nos costó un poquito decidirnos, sobre todo a mí. Estábamos en esa fase de disponer de todo el tiempo para nosotros, hacer cosas juntos, salir, viajar y no parar. Tenía muchos proyectos, muchas ganas de hacer mil cosas nuevas, y aunque mi reloj biológico me avisaba que ya era hora, yo lo escondí en algún rincón para no oír su incesante tic-tac.

Sin embargo, mi deseo de ser madre estaba ahí, dormido, y pasó algo que lo hizo despertar. Me llegó la noticia de que una persona muy querida por mí, a la que veo menos de lo que desearía, por la distancia, acababa de tener a su precioso retoño. Nada más enterarme, me fui para el hospital a ver cómo se encontraban y conocer a la pequeña. Sí, sé lo que estáis pensando, que en esos primeros momentos las visitas no son muy oportunas, pero hasta que no pasé yo por lo mismo, no era muy consciente del tema, la verdad. Cuando vi a la bebita y la tuve un poquito entre mis brazos, se apoderó de mí tanta ternura y felicidad, que no pude evitar el pensar cómo habría de sentirme, si a quien sostuviera fuera a mi propio bebé.Al llegar a casa se lo conté a mi maridín, y recuerdo que él me dijo: “no hay nada que me pueda hacer más feliz que tener un hijo contigo”. Ya sé que suena a película de Hollywood, pero si tengo un galán de cine en casa, qué le voy a hacer… Así que decidimos ponernos mano a la obra.

Como somos chicos responsables y previsores, lo primero que hice fui ir a la ginecóloga a contárselo para cerciorarme de que todo iba bien y por si tenía que darme alguna recomendación. Y me quedé un poco chafada porque nos dijo: uno, que tomara ácido fólico y yodo durante unos meses, antes de ponernos al tema (¡jo! Ahora que estaba yo decidida, tocaba esperar); dos, que ella estaba embarazada (escondida tras su mesa se me había pasado desapercibido el enorme barrigón) y que no me iba a poder llevar el embarazo. Empezamos bien, pensé. Así que fuimos obedientes y comencé a tomar las pastillinas y a buscar nuevo ginecólogo. Unos meses después entre nerviosos e ilusionados comenzamos con la operación “En busca del Pequic@…”; pero cómo sucedió todo y el Pequico llegó a nuestras vidas, eso ya es otra historia…

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